Laika y el Cosmonauta

La historia de una relación

Conduciendo lejos de su casa apestosa y virulenta, Laika se fue decidida a buscar más jengibre al huerto. En la radio sonaba la canción Losing my mind del grupo Summer Camp, de la que Caballero ya le había hablado alguna vez. Cabe mencionar que era una canción bastante propicia para el estado catatónico que llevaba la perra.

A unos cuantos años luz, acechando el planeta de Laika y el Cosmonauta, un virus maligno se había apoderado de la buena salud de una de sus habitantes. Quizá por la locura o el exceso de estupefacientes que había consumido unos días antes, quizá por el cambio de temperatura y las presiones meteorológicas, nunca se supo y la opinión pública nunca lo quiso investigar. Sin embargo, sí sabemos que la noche que había pasado Laika fue terrible, entre sudores y sueños febriles, no fue capaz de descansar lo más mínimo. Se despertó con el pijama enganchado a su pelaje, cual perra impúdica, cachonda y vagabunda. Las sábanas almidonadas que la señora de la limpieza le había cambiado el día anterior estaban hechas una reverenda inmundicia. Cosmonauta ya no estaba, se había levantado temprano para escribir sobre su viaje y estaba encerrado en su despacho leyendo, bebiendo té verde con menta e inhalando rapé. Laika, desde su lecho, indecorosa, hedionda y febril, pensó que era mejor posponer el viaje de visita a Gatalina II. Tomó la decisión con mucho pesar puesto que sabía que su amiga la necesitaba con urgencia. Sólo esperaba que Gatalina II no cayera nuevamente en el error del flirteo y la mera coquetería con  Gataúlfo. Entre alucinaciones pasó de pensar en Gatalina II y sus amoríos a visualizar en el aire efímeras versalitas luminosas formando una frase de Kundera: “la coquetería es una promesa de coito sin garantía”. Laika seguía con fiebre y no podía levantarse de la cama, las sábanas sudadas y pegajosas la retenían. Seguía viendo formas de luz en el aire y sentía temblores en sus extremidades. Si se tapaba empezaba a transpirar y si se destapaba empezaba a tiritar. Entonces fue cuando pensó en el jengibre y el limón. De un salto la perra escapó de las fauces de su cama y corrió hasta la cocina, puso a calentar agua y echó un poco de jengibre seco con rodajas de limón en una tetera de cerámica de gres. Sabía que esa droga natural le mantendría su malestar febril a raya.  

A unos cuantos años luz, acechando el planeta de Laika y el Cosmonauta, un virus maligno se había apoderado de la buena salud de una de sus habitantes. Quizá por la locura o el exceso de estupefacientes que había consumido unos días antes, quizá por el cambio de temperatura y las presiones meteorológicas, nunca se supo y la opinión pública nunca lo quiso investigar. Sin embargo, sí sabemos que la noche que había pasado Laika fue terrible, entre sudores y sueños febriles, no fue capaz de descansar lo más mínimo. Se despertó con el pijama enganchado a su pelaje, cual perra impúdica, cachonda y vagabunda. Las sábanas almidonadas que la señora de la limpieza le había cambiado el día anterior estaban hechas una reverenda inmundicia. Cosmonauta ya no estaba, se había levantado temprano para escribir sobre su viaje y estaba encerrado en su despacho leyendo, bebiendo té verde con menta e inhalando rapé. Laika, desde su lecho, indecorosa, hedionda y febril, pensó que era mejor posponer el viaje de visita a Gatalina II. Tomó la decisión con mucho pesar puesto que sabía que su amiga la necesitaba con urgencia. Sólo esperaba que Gatalina II no cayera nuevamente en el error del flirteo y la mera coquetería con  Gataúlfo. Entre alucinaciones pasó de pensar en Gatalina II y sus amoríos a visualizar en el aire efímeras versalitas luminosas formando una frase de Kundera: “la coquetería es una promesa de coito sin garantía”. Laika seguía con fiebre y no podía levantarse de la cama, las sábanas sudadas y pegajosas la retenían. Seguía viendo formas de luz en el aire y sentía temblores en sus extremidades. Si se tapaba empezaba a transpirar y si se destapaba empezaba a tiritar. Entonces fue cuando pensó en el jengibre y el limón. De un salto la perra escapó de las fauces de su cama y corrió hasta la cocina, puso a calentar agua y echó un poco de jengibre seco con rodajas de limón en una tetera de cerámica de gres. Sabía que esa droga natural le mantendría su malestar febril a raya.  

Cuando Gatalina II llegó a su palacio, fue corriendo a su habitación sin mirar ni saludar a nadie, no estaba preparada para afrontarse a todo su mundo tan de sopetón. Necesitaba a alguien a su lado para que el impacto se dividiera por dos. Le escribió un mensaje escueto a Laika para que viniera si quería. Tenía sentimientos encontrados sobre la idea de enfrentar su pasado. Sabía que su antiguo amante, el príncipe Gataúlfo, estaba al caso de su llegada y por eso temía que el reencuentro hiciese que la llama que hubo entre los dos volviese a encenderse. Bajó elegante y casual por la escalera de mármol y allí estaba él, junto a la celosía de platino con nébedas en la mano.  

Con resaca pero siempre digna y con garbo, Gatalina II se puso el traje espacial y emprendió su viaje de vuelta a casa. Ya era la hora y no podía privarse más por miedo a toparse con él.

Con resaca pero siempre digna y con garbo, Gatalina II se puso el traje espacial y emprendió su viaje de vuelta a casa. Ya era la hora y no podía privarse más por miedo a toparse con él.

Y el miedo más grande que me da es nunca poder arracancarte de las cosas, de la nieve, del sol y del mar, de los sitios más perfectos para vacacionar, ahora de ellos yo me privo por miedo a toparme contigo y tu bronceado atractivo, ¡oh!

Confesiones de una gata libertina

Gatalina II se encontraba en el punto idóneo de embriaguez para poder expresarse con sinceridad sobre algunos asuntos de su vida y dejar ese vocabulario tan parco y formal que la acompañaba cada día. Algunos creían que era una lástima que necesitara del alcohol para liberarse, sin embargo, he aquí el quid de la cuestión, y el error: no se liberaba de nada, no hablemos de ataduras, sino que entraba en un estado antinatural en el que ella dejaba de ser ella misma, para transformarse en la imagen que ella pretendía que los demás viesen de su persona. Porque sí hay gente educada y con buenos modales por naturaleza, o por educación, lo que describiría con ambos adjetivos a Gatalina II, reina de un planeta al que no iba hacía mucho tiempo. En ese planeta habitaba su pequeña familia, compuesta por dos hermanas menores y un sobrino adolescente. Tenía una entrañable relación con su niñera y mentora, quien la había iniciado por los caminos del mal de la plebe a escondidas de sus progenitores: el rey Gatoldo V y la reina Gatherine VI. Cuando ellos hubieron muerto, Gatalina II enseguida heredó el trono y se dedicó a reinar y a estar al día de las nuevas tendencias musicales y del mundo de la alta costura. Ahora, echaba de menos todo aquello y con melancolía recordaba entre trago y trago a sus seres queridos. Era curioso lo que sucedía en su mente, puesto que todo este tiempo ella había creído que los pilares de su vida eran los amigos del planeta de Laika y el Cosmonauta, pero todo había parecido desvanecerse cuando entró en este estado antinatural. ¿Sería quizás porque en realidad esos eran pilares de arena? ¿O tal vez porque era sólo melancolía mezclada con ginebra? En cualquier caso, y haciendo caso omiso a su hecatombe mental, Gatalina II decidió entre las ya borrosas estrellas del firmamento ir a reinar un poco a su planeta.

Gatalina II en acción

Hacía frío, de ese húmedo que te hiela hasta el alma y se te cuela entre la ropa, soplaba un viento enojado que sin pesar arrancaba las hojas de los árboles desamparados. Entrábamos, sin vuelta atrás, a la dictadura del mal tiempo, en la que Laika, el Cosmonauta y toda su pandilla esperaban el azote de la lluvia, del granizo y de la nieve sin poder hacer nada más que mirar contemplativos. Sin embargo, estos contratiempos meteorológicos no suponían ningún problema para ellos porque conocido era su espíritu jaranero. Así que mientras fuera los árboles crujían de frío, dentro Laika proveía sin parar su famoso extracto de enebro con agua de quinina, esta vez con pimienta negra y rodajas de naranja y limón. Cosmonauta no participaba en esta tertulia porque estaba en su despacho ocupado escribiendo sus artículos, no obstante, no significaba ningún impedimento para que la fiesta no se desarrollara con total normalidad. Como siempre, los comensales se recomendaban música unos a otros, turnándose cada un par de canciones el turno de pinchadiscos.
     —¡Vaya! Os tengo que enseñar un grupo nuevo de un amigo mío de Barcelona que canta en catalán —dijo Caballero relinchando—, pero es que ahora no me acuerdo cómo se llamaban…
     —Pues vaya maneras de intervenir en el diálogo, ¿no?—respondió Laika mientras le sonaba el móvil— ¿Sí? ¿Quién es? Ahh, ostras no te había conocido la voz, ¿dónde estás? Yo, en casa, con Gatalina II y Caballero. Sí, está pero escribiendo en su habitación. ¿¡En serio!? Pues venid que ya sabes que le va a encantar. Sí, él me los recomendaba mientras estaba en la Tierra. ¡Qué estupendo! Sí, os esperamos. No, no traigáis nada más que vuestra presencia. Vale, hasta ahora. Chau.
Caballero y Gatalina II se miraban mutuamente y la curiosidad los carcomía por dentro. Querían saber a toda costa qué era lo que acontecería y quién había llamado. Laika, mientras tanto sonreía y disfrutaba del momento, porque sabía que lo que iba a suceder gustaría a todo el mundo. Gatalina, sin embargo, sin perder la compostura y haciendo honor a su noble educación fingió ignorar la llamada y, sin rebajarse a preguntar quién había llamado para no dejar que Laika disfrutase más de lo que ya lo estaba haciendo, retomó el hilo de la conversación de antes y dijo:
     —Es de mi buen parecer, querido amigo equino, que en el momento que se esclarezca tu mente y evoquen del pasado esos recuerdos, deberías pronunciar ese nombre con el que nos has dejado en vilo anteriormente.
     —¡Ah! Por cierto —ladró Laika sin poder aguantarse más la sorpresa—, que antes me ha llamado Jasón que estaba con Marc esperando a Laura que venía con los pletinas a tomarse unas cañas a su casa y que luego vendrían para aquí a saludar a Cosmonauta y a beberse unos brebajes míos en nuestra compañía.
—¿En serio? ¿Vendrá Doble Pletina? ¡Qué chachipiruli! –exclamó Caballero. Siempre he querido conocerlos.
Siguieron enseñándose música, comiendo boquerones y unos canapés de aguacate con gambas, hasta que sonó el timbre. Era Jasón con Doble Pletina. Se saludaron, sorprendieron a Cosmonauta, a quien no veían desde el principio de su viaje por la Tierra, se sentaron, se pusieron un poco al día, les contaron que pronto grabarían más canciones, y que les estaba yendo muy bien. Laika les preparó uno de sus gintónics especiales a cada uno e invitó a todos sus comensales al salón de exterior con calefacción centralizada, cuya construcción había sido pensada justamente para esas frías y oscuras veladas invernales, en las que apetecía estar fuera como si se tuviera una manta encima. Doble Pletina acabaría haciendo un miniconcierto improvisado y unplugged a sus amigos.

Al día siguiente, Laika y el Cosmonauta estaban radiantes, se movían con garbo, los rayos solares salpicaban de la piel tersa y los ojos brillantes, y el pelo se les movía con la cadencia de sus pasos. Sin embargo, otra era la historia para Gatalina II, Caballero y sus amigos Dënver, quienes al ver la irradiante frescura de Laika y el Cosmonauta recogieron sus cosas, despertaron a sus bailarines y entre legañas y pelos enredados salieron por patas en un santiamén. Gatalina II dormía fina y elegante sobre una chaise longue improvisada con cojines. Caballero yacía a dos metros de ella, agarrando con la mano un vaso medio vacío de gintónic con una flotante rodaja de limón. No se inmutaron ante las miradas de resignación de los propietarios. Ni un pelo.

¿Qué vamos a hacer, Cosmonauta? ―ladró Laika sin gritar―, tendremos que limpiar este estropicio, ¿no? Qué pereza, hoy estoy muy perra…

―Y qué vamos a hacer, querida mía, calavera no chilla. Eso sí, podríamos esperar a que estos dos se despierten y nos ayuden. Además ―dijo Cosmonauta volviendo la cabeza hacia la casa―, tengo que ponerme de una vez por todas a escribir mis artículos sobre la estadía en la Tierra. Eso sí que me da pereza…

―¡Oh, es verdad! Ya ni me acordaba, los artículos… Cuando acabe con mis cosas te echo una mano. Jajaja, ¡qué irónico! ―dijo Laika soltando unas risillas―, es otoño, hace frío, lo normal es querer estar dentro de casa, al lado de la estufa, comiendo queso con uvas y trabajando tranquilamente. Pero estas mañanas tan invernalmente estivales no me incitan a encerrarme en casa, sino justamente lo contrario. Y al mismo tiempo ―dijo Laika abriendo los ojos y arqueando las cejas―, me inspiran esta canción de Les Parisiennes, con coreografía y todo.   

Esta fue la performance que Dënver ofreció en aquella fiesta en el planeta de Laika y el Cosmonauta de la que hablaba antes.

En un momento, que fui feliz, cerré los ojos pensando en ir.

Mientras Laika y el Cosmonauta daban su paseo por la pradera del otro lado del planeta, tenían mucho sobre lo que ponerse al día,  Gatalina II y Caballero empezaron a bailar acaloradamente. Como los dos querían compartir su música con el otro, decidieron finalmente poner una canción cada uno. El profundo retumbar de los bajos de la música hacía que los cubitos de hielo vibrasen a tal frecuencia que se derretían mucho más rápido de lo normal, además de provocar una sensación de sed en el hipotálamo de los que quedaban que no veían más solución que beberse el extracto de enebro con agua de quinina. Quizá fuera ese el motivo ante tal desmesura, pero sea lo que fuere, os puedo asegurar que Caballero y Gatalina II perdieron la compostura en la pista de baile.

    ―Vaya, siento cómo el ritmo me corre por la venas Gatalina ―dijo Caballero mirando al infinito. Es como si las vibraciones me hicieran mover el cuerpo.

    ―Es menester que os ilustre, mi fiel y querido amigo equino. Esta melodía con la que os deleito en estos instantes es producto de la más exquisita composición de escalas pentatónicas que un súbdito de mi plebe haya podido crear jamás ―pronunció Gatalina mientras movía sus extremidades lenta y rítmicamente. Servidme con otro brebaje de enebro y quinina, si vos sois tan amable.

    ―Un segundo, Gatalina, me acaba de llegar un mensaje de un amigo, que viene con su banda a tocarnos una canción, ¿qué te parece?   

Y así fue como acabó Dënver tocando en la fiesta privada. Y resultó que trajeron a un grupo de bailarines con ellos ¡que coreografiaron la canción! Gatalina II se presentó a Mariana Montenegro y a Milton Mahan, Caballero les enchufó un par de micrófonos, tocaron su canción, los chicos bailaron y, después de este parón de energía rítmica, siguieron con la fiesta todos juntos hasta el amanecer.  Os podéis imaginar cómo acabó la cosa, pero no entraremos en detalles.

Al volver de los conciertos de la Mercè al planeta de Laika y el Cosmonauta, todos juntos siguieron la fiesta en casa. Esta vez Gatalina II se encargaba de la música, Jasón de los gintónics y Caballero de bailar. Laika y Cosmonauta decidieron perderse un rato y se escabulleron por esos escondites que sólo ellos sabían justo cuando sonaba “El tigeraso” de Maluca. Lo tengo todo papi, tengo fly, tengo body tengo una sabrosura. Haga click para verlo

Al volver de los conciertos de la Mercè al planeta de Laika y el Cosmonauta, todos juntos siguieron la fiesta en casa. Esta vez Gatalina II se encargaba de la música, Jasón de los gintónics y Caballero de bailar. Laika y Cosmonauta decidieron perderse un rato y se escabulleron por esos escondites que sólo ellos sabían justo cuando sonaba “El tigeraso” de Maluca. Lo tengo todo papi, tengo fly, tengo body tengo una sabrosura. Haga click para verlo

Desde ese día que te enseñé ese disco “Esquemas juveniles” no he podido dejar de escucharla. Hace un año que publicó otro llamado “Mena” que quizá sea lo que presenciemos hoy. Cómo me gusta escuchar las canciones contigo.

El reencuentro

¡Laika! Ha llegado el momento, ve al garaje y sácale el polvo al teletransportador que construí antes de irme. Es la hora de que nos encontremos por fin. Dile a Caballero, a Gatalina II y a Jasón que vengan también. El lugar de nuestro reencuentro será la plaza de Joan Coromines, en Barcelona. ¿Te acuerdas de ese disco que te puse antes de que me fuera a hacer mi viaje tiempo ha?  Sí, esa chica chilena cuyas letras no te dicen nada y te lo dicen todo de esa manera suya tan peculiar, delicada y finamente poética. ¿Te acuerdas ya? Sí, Javiera Mena, la coronada reina del electropop en castellano. Qué bien, tengo muchas ganas de que disfrutemos de este concierto juntos, no sabes cuántas ganas tengo de verte. Además estoy seguro de que Javiera Mena te va a encantar.  Por otra parte, la buena noticia es que luego volveremos juntos a nuestro planeta, tengo que ordenar, clasificar y archivar la información que he recogido en este largo viaje y escribir algunos artículos. Ya te explicaré todo con más detalles. Tendremos tiempo para eso, quizás me tengas que ayudar y todo. Te mando un beso, Laika, y hasta pronto.
Un Cosmonauta feliz  

¡Laika! Los argonautas no han podido venir, tenían otros compromisos con los que cumplir. Llegaré en unos diez minutos a tu planeta, iros preparando porque esta noche nos iremos de conciertos. Tocan Evripidis and his tragedies y Rita Indiana en la plaza de Joan Coromines. No te preocupes por la lejanía del evento, Cosmonauta te tiene que comunicar una sorpresa. Siento desevelartela a medias pero te conozco y sé que te pondrías histérica para encontrar la forma de llegar hasta la plaza y hacer acto de presencia. Lo sé porque yendo hacia tu planeta he interceptado sin querer un mensaje de Cosmonauta enviado desde la Tierra. No te preocupes que según mis cálculos te tendría que llegar pronto. ¡Nos vemos!Jasón sin los argonautas.

¡Laika! Los argonautas no han podido venir, tenían otros compromisos con los que cumplir. Llegaré en unos diez minutos a tu planeta, iros preparando porque esta noche nos iremos de conciertos. Tocan Evripidis and his tragedies y Rita Indiana en la plaza de Joan Coromines. No te preocupes por la lejanía del evento, Cosmonauta te tiene que comunicar una sorpresa. Siento desevelartela a medias pero te conozco y sé que te pondrías histérica para encontrar la forma de llegar hasta la plaza y hacer acto de presencia. Lo sé porque yendo hacia tu planeta he interceptado sin querer un mensaje de Cosmonauta enviado desde la Tierra. No te preocupes que según mis cálculos te tendría que llegar pronto. ¡Nos vemos!
Jasón sin los argonautas.